CREEM MAGAZINE
June 1979
Gary Kenton
Protagonista Mark Knopfler: El nuevo héroe de la guitarra en América (llegado de Inglaterra)

Por aquellos entonces estaba en publicidad. Trabajando para la Warner Brothers (Stan and Reg). Estaba en Londres, acompañando al contribuyente de CREEM Richard Riegel a un par de conciertos de Thin Lizzy en el Wembley Pool de Londres. (Richard casi no había salido de Cincinnati, y mucho menos haber ido a Inglaterra, con lo que requería una determinada supervisión). Mis tareas me llevaron a las oficinas de Phonogram en Londres, la compañía que se encarga de Lizzy en el Reino Unido, donde conocí a Johny Stainze, hombre de A&R, coleccionista de discos, fanático del rockabilly y en general, un buen tipo. Hablamos de Lizzy durante un rato, pero ellos ya habían sido “grandes” en Inglaterra durante un tiempo y Johny cambió rápidamente el tema al intercambio de discos (visión de vinilos de la Warners bailando en su cabeza) y un nuevo grupo con el que acababa de firmar llamado Dire Straits.
Era la segunda vez que ese nombre se había dicho en dos días. La noche anterior había estado con dos de lo críticos de rock e historiadores más importantes de Inglaterra, Simon Frith y Charlie Gillet, este último amigo de John Illsley, el bajo de Dire Straits. Un año antes, en el verano del 77, Illsley le había llevado una demo a Gillet, el cual la puso un par de canciones en su popular programa de los domingos por la mañana Radio London. Dos veces aireó la improbable, ahora convincente canción de rock sobre unos músicos de jazz titulada “Sultans of Swing. Johny Stainze recuerda estar en la ducha la primera vez que se escuchó la canción en la radio, aunque dice que sus orejas se animaron incluso llenas de jabón, cuando Gillet se vio forzado a poner la canción otra vez un par de domingos más tarde, Stainze siguió el rastro y se puso en acción.

El suspense de esta narrativa se ve disminuido de alguna forma por el hecho de que todos sabemos que el “Sultans” se ha convertido desde entonces en un increíble éxito, alcanzando el Top 10 y ayudando al álbum debut de los Dire Stratis ha seguir por el mismo camino. Pero, en una era en la que las bandas no son “descubiertas” tan a menudo como se crean, devuelve la fe a uno de poder pensar sobre un simple y absoluto caso de descubrimiento y firma. Pero una vez más, todo sobre Dire Straits es directo, sin complicaciones y bastante intocable por las modas de los negocios de la música (por qué, su álbum se editó en vinilo negro liso, si os lo podéis creer!). Con los hombres de A&R, programadores y fans siendo recelosos de la nueva ola y las bandas neo-punks con mensajes abiertos y misiones, llegó Dire Straits con la última decepción: ninguna decepción. Una vez tomada por lo que es –inteligente y sensual rock´n roll –su música pega como un montón de ladrillos, o mejor, como un respiro de aire fresco. Así es como les golpeó a Gillet y Stainze, y el segundo tuvo que derrotar a varios rivales para firmar un contrato mundial, excluyendo Estados Unidos, con Dire Straits.

En la siguiente primavera, el debut del álbum producido por Muff Winwood, ya estaba llamando la atención en diferentes países europeos y Johny Staize puso el disco mientras que yo estaba en la oficina. Interesantemente, Stainze ya había mandado copias del disco a diferentes compañías de discos de los Estados Unidos (incluyendo la Warners) en busca de un contrato para la banda, pero prácticamente no recibió respuesta. Pero cuando hice circular algunas copias que me dio Stainze, con algunos entusiastas, las ruedas empezaron a girar, y a través de los esfuerzos de Roberta Peterson (en la Warners en Burbano) y Karin Berg (en Nueva York), la banda consiguió firmar. Es irónico notar que en ese tiempo antes de finalizar el contrato con Dire Straits, la gran apuesta de la Warners era para the Boomtown Rats, que estuvieron a punto de aterrizar (de hecho, los Rats le dieron a la Warners todas las indicaciones de que era así, yendo a la Warners antes de que se escabullesen a Columbia). Si la Warners hubiese conseguido a los Rats, es dudoso que hubiesen hecho otro contrato con otra banda inglesa con menos nombre como Dire Straits. Así es como funcionan los negocios.

***

Y a Harry no le importa si no hace una buena actuación
El tiene un trabajo de día que le va bien
Puede tocar el honky tonk como si nada
Reservandolo para el Viernes por la noche
Con los Sultanes, con los Sultanes del Swing
--“Sultans of Swing” (Straightjacket Songs, Rondor Music)

Harry podría haber sido sinónimo de Mark Knopfler. El hombre que escribe y canta todas las canciones de Dire Straits no podía haberle importado menos eso de hacer el paripé. El puede tocar la guitarra como nadie. Una figura del rock muy inusual, Knopfler parece guardar sus energías creativas para su música. Mark dejó el trabajo que tenía como profesor de inglés para seguir su musa musical. “Mark estaba dando clases en un colegio en un lugar llamado Loughton en el norte de Londres” dice Pick Withers, el batería de los Straits, “y dando clases de guitarra por otra parte. Pero en las vacaciones de verano, cada vez encontraba más difícil volver al colegio a enseñar. Después de volver de sus últimas vacaciones, en América, supo que era el momento de dar un paso.”

Interesantemente, Withers es el único miembro de Dire Straits que se podría haber considerado músico profesional antes de que se formase la banda. Después de completar el instituto y trabajar durante un año para el ayuntamiento, Pick empezó a tocar en varias bandas. “Cuando tienes 19 años”, dice, “no te importa nada. Sólo saltas al coche y haces los conciertos tal y como vienen. No fue hasta varios años después cuando empecé a tomarme las cosas un poco más en serio”. Hizo mucho trabajo de estudio en Londres y estuvo con Brinsley Schwarz, la versátil banda de rock de pubs que hizo sombra a Dire Straits de una forma u otra, en un tour europeo de 6 semanas. Fue cuando regresó cuando conoció a Mark Knopfler por primera vez. “El chico con el que compartía apartamento por aquellos tiempos era un amigo de Mark” recuerda Pick, “y Mark había estado por casa para utilizar una grabadora y grabar algunos cortes de sus canciones. Quería alguna batería simple en determinadas partes de su cinta, con lo que se las puse aquí y allí”.
Knopfler había estado tocando con una banda llamada Café Racers, haciendo rockabilly durante los fines de semana y también durante la semana cuando las clases se lo permitían, pero una vez que tomó la decisión de dejar de dar clases, no tardó mucho hasta que juntó la banda. El hermano de Mark, David, estaba convencido de dejar sus trabajos sociales para poder unirse a la banda a tiempo completo y los ensayos empezaron incluso cuando el bajista Illsley estaba todavía acabando su diploma en sociología. Una vez que Illsley lo consiguió y Withers entró en la banda, los cuatro se convirtieron oficialmente en Dire Straits.
Aunque el futuro, como ya sabemos, iba a ser de color rosa para la nueva banda, las cosas no pasaron inmediatamente. Antes de que Illsley tuviese la brillante idea de pasarle la demo a Gillet, Dire Straits eran extraños en su propia tierra. Debido a la omnipresencia del punk, no había forma de hacerse ver en Londres y mucho menos, de conseguir un concierto por el que les pagasen. Las cosas no cambiaron mucho en Inglaterra después de que Phonogram firmaran un contrato con ellos tampoco. El álbum no empezó a tener aceptación en el Reino Unido hasta que entró en el Top 20 de Estados Unidos, unos 7 meses después de que se editara. En Alemania, el álbum ni siquiera se consideraba para editar hasta que después saltó el clic en algún sitio; ahora ha vendido más de 250.000 copias en Alemania. El hecho es que el único lugar aparte de Estados Unidos donde Dire Straits pegó el salto fue en Holanda.

Ahora, por supuesto, Phonogram ha editado el disco en todos los sitios donde se venden discos. De la misma forma, la máquina del marketing en la Warner Bros no lo vio claro hasta que el grupo se embarcó en su gira de Febrero-Marzo, cuando se empezó a oir en la radio que las ventas indicaban claramente que América estaba haciendo a Dire Straits muy grande. Karin Berg es rápida en señalar el sentido tan raro de la economía que tiene el grupo y su moderado encanto, pero admite que “la compañía no estaba muy segura de ellos cuando firmaron el contrato. Me hace reir ver que van tan tremendamente bien”. También es irónico, desde el punto de vista de la inversión tremenda de dinero y tiempo en campañas para gente como Elvis Costello, The Boomtown Rats y por extensión, The Clash, viendo como Dire Straits se colaron, virtualmente sin anunciar y vendiéndose tan bien.

Pero por qué? Desde luego que el album se merecía la audiencia que encontró y es verdad que apareció en muchas de las diez mejores listas a finales de 1979, pero incluso este escritor entusiasmado con el álbum y con esperanzas de conseguir un contrato, los pensamientos sobre un oro o un platino ni siquiera se pasaron por la cabeza. Primeramente, es un álbum de llave baja. En segundo lugar, la forma de cantar y de tocar la guitarra de Knopfler, a pesar de ser muy inventiva, tiende a estar limitada en su rango, haciendo muchas canciones muy similares. En tercer lugar, a pesar de que encuentro a Mark muy simpático e incluso sexy, personalmente, no es la idea de nadie de un sex symbol del rock.
Cuarto, no están todavía bien formados; en el escenario parece que Mark toca más para su propia diversión, riendose de algunas bromas privadas, que para la audiencia. Y por último, no como Ferry Rafferty, otro artista de sutileza y refinamiento que hizo la parte comercial (y el cual, incidentalmente, comparte la misma dirección) el grupo no tiene ni canciones muy románticas ni una producción brillante y exuberante para poner esas canciones, ambos requisitos esenciales para entrar en esas listas del Top 10.

Esos de nosotros que estamos en el negocio de la música lo sabemos mejor que el atribuírselo a la teoría de “si está de moda, se venderá”, pero hay algo infeccioso y seductor en su sonido que simplemente no se puede negar. Incluso el hecho de que poseen un único e identificado estilo es en primer lugar, crucial. “Nunca tuvimos ningún tipo de anteproyecto, nuestro sonido simplemente envolvía”, dice Pick “pero teníamos algo que casi todas las bandas que son conocidas tienen… un estilo”. Pero hay algo específico en ese estilo que ha creado el fenómeno de Dire Straits.

No me di cuenta hasta que la banda tocó en el Bottom Line de Nueva York. Un concierto genial y memorable que se vio ligeramente estropeado por una reacción exagerada hacia el remolino de notas con el que alcanza el climax el “Sultans of Swing”. Un poco de deslumbramiento con la virtuosidad, para estar seguro, pero la combinación de la rápida sucesión de notas y la familiaridad creada por haberse oído tanto en lar radio hizo que la audiencia se volviera tan loca que, por comparación, dejó que mucho de lo mejor y complicado de la forma de tocar de Knoplfer no llegase a apreciarse esa noche. Me di cuenta entonces que a pesar de que no alcanzasen a ser superestrellas en lo que a vestuario y comportamiento se refiere, era el nuevo héroe de la guitarra, lo último en el panteón de los semi dioses del rock junto con Clapton, Beck y Page. Es posible que a la gente no le guste su forma de cantar –algo entre Bob Dylan y Lou Reed – y es posible que piensen que sus canciones son una combinación atormentada de sentimentalismo poético e inteligencia irónica, pero la razón oculta del éxito de su primer LP Dire Straits, es simplemente que ofrece más y mejor guitarra que cualquier rock ofrecía en mucho tiempo. Los cortos rellenos que Knopfler improvisa durante sus canciones se tocan con mucho más detalle y cuidado que los principales, mientras que los solos dan un aire de jam a pesar de estar aparentemente bien organizados y construidos. Aunque son básicos y apretados como Creedence Clearwater Revival, Dire Straits dan la impresión de moverse con soltura pasando de los coros al estribillo, de canción a canción, como si no siguiesen ningún diseño en particular aparte de su propia intención espontánea. Nada atrae más al comprador de discos americano como la visión de un guitarrista solo, sacando toda su inspiración como llega, libre para viajar allí donde el sentimiento lo lleva. Aunque sugiere un conocido comic de R. Crumb (hippie con la guitarra pensando para si mismo mientras que toca: “wow, realmente me estoy expresando!”), Knopfler encaja con esta imagen admirablemente. Sólo puede ser descrito como realmente cómodo detrás de su Fender roja, tocando con una facilidad que desdice su intensidad. Puede que no sea muy llamativo, pero su persona está estrechamente interconectada con su guitarra como ningún roquero estuvo desde Hendrix.


Ahora que han trabajado en establecerse, nuevos retos aparecen para la banda, aparte de mantener el equilibrio de su éxito. “Estamos encantados con lo que está pasando”, dice Pick, “pero intentamos que no nos pille desprevenidos. Ninguno de nosotros queremos entrar dentro de esa jet set, elitista e inaccesible. Intentamos ser los mismos que antes. Todo el mundo cambia, pero sigues intentando mantener un sentido de la proporción y equilibrio. Los negocios pueden ser maniáticos y si hay algo que he aprendido es que la palabra permanente es obsoleta. Nuestro próximo álbum puede que no se venda para nada… aunque pienso que si que se venderá”. El segundo LP, que se llamará Communiqué, muestra varios avances, especialmente en términos de sonido técnico (Jerry Wexler lo ha producido en Muscle Shoals, Alabama), pero no se desvía dramáticamente del patrón en el debut. Puede que no salga otro single con éxito , pero las nuevas canciones como la casi reggae “Once upon a time in the West” or la roquera “Lady Writer” son atrayentes y cinéticas como todo lo del primer disco, con un Knopfler cantando más seguro y con más fuerza. Communiqué saldrá en Mayo, pero puede que la Warners lo sonstenga y permita a Dire Straits correr con el curso completo de las ventas.

El grupo ha hecho planes para la gira del verano, probablemente actuando en locales más grandes que los clubs que visitaron en Marzo. “Es muy cómodo ahora mismo tocar en clubs” dice Pick, “y nos preguntamos si dos guitarras, un bajo y batería puede funcionar delante de 7.000 personas. Nuestra música puede ser modesta y tímida a veces y puede perderse en lugares tan grandes. Pero hemos hecho algunos conciertos muy buenos con este número de gente en Europa, con lo que tienes que saber cuando llega ese punto en el que es crucial tener buenas luces y sistemas de P.A. y tocar en locales que no son demasiado grandes y fríos”. Uno de los pocos conciertos que no se hicieron en un club en la última gira, fue en el Tower Theatre en Philadelphia, y nos indicó que ellos pueden hacer esa transición y pasar a auditorios más grandes de forma suave mientras que cambian los tempos al final de “Lions”, una de las canciones pasada por alto del primer disco.
Nunca se me ha dado una explicación satisfactoria de por qué Knopfler & Co. eligieron el nombre de Dire Straits. De cualquier forma, parece ser que se toma en un borde irónico ahora mismo, en luz de su rápida ascensión. Parece ser que están nadando en aguas amigas allá donde vayan (incluso Londres) y se han ganado una reputación sacada de la nada, en ritmo sólido, lineas de guitarra nerviosas y la voz brusca y personal de Knopfler. Haría falta una catástrofe, incluso en estos negocios de la música tan caprichosos, para volver a parar en “dire straits” (apuros económicos) otra vez.