Mark Knopfler
Escrito por Juan Jesús Garcia

 

«Me estoy alejando más cada día del rock»


El músico escocés actuó en el municipio granadino de Atarfe

Knopfler (12 de agosto de 1949, Glasgow) fue periodista y profesor antes de dedicarse a la música. Sería en 1977 cuando junto a su hermano David armó Dire Straits, banda que con un peculiar sonido de guitarra (muy torpe en sus palabras, pero reconocido como de los más influyente en la historia del pop) le hizo un músico popular en todo el mundo. También ha tocado con los Notting Hillbillies y Brewer's Droop, ha realizado composiciones para varias bandas sonoras de películas tan exitosas como  ‘Local Hero' o ‘Last Exit To Brooklyn'. Ha montado giras con gente como Bob Dylan o –la última– Emmylou Harris, y aunque se reconoce como un tipo muy vago, ocasionalmente le ha dado tiempo para sacar algún disco propio; tampoco muchos, que desde que liquidó a D.S. sólo ha publicado cinco, el último a finales de 2007 con el nombre de ‘Kill to Get Crimson', que es el que le trajo de gira a Granada.
–¿Cuál es el origen de ‘Kill to Get Crimson'?
–El álbum toma el nombre del verso de una canción que hace referencia a un pintor que mataría por tener un color carmesí especial en su paleta. Para la portada elegí un cuadro de 1958 que fue pintado por John Bratby, alguien tan popular como ahora lo es Damien Hirst. Mirando las scoters de la portada hay una chica india que quiere comprar una de color rojo que es todo un símbolo, ya que por la fecha es una historia anterior al mod, y esa es una época muy interesante para un músico, que como yo, era un niño. De alguna manera, buena parte del disco está influenciado por aquel momento, y creo que estoy usando el tiempo como aliado al unir mis recuerdos en el folk con los sonidos de los instrumentos eléctricos posteriores.
–¿Por qué tarda tanto en publicar discos?
–Porque soy muy perezoso. Empiezo muchas canciones, las dejo, las retomo al cabo de los años... no tengo prisa. Me gusta la sensación de no hacer nada, se la recomiendo, es muy terapéutica.
–Usted alterna folk y rock. ¿Cómo lleva esa dualidad?  
–Los conjuntos folk fueron en los que yo empecé a tocar, teniendo en cuenta que tocaba sin amplificar. Mi hermana trajo a casa el primer disco de Dylan cuando yo tenía once años y siempre me he sentido miembro de ese club. Pero no soy nada más que un músico de folk a medio hacer, siempre lo he pensado así. Yo uso el fiddle y el acordeón que son los instrumentos folk esenciales en mi cultura, pero no siempre, sólo en algunas canciones, y en ocasiones de diferente manera: por ejemplo en ‘Heart full of holes' los uso no en el sentido escocés sino con la ambientación de una polka europea, en una suerte de polka alucinada en la que me volqué. He utilizado muchos efectos extraños en la grabación, como un cajón lleno de cubiertos que puese encima del piano, que no es ningún instrumento folk que yo sepa.
– Y al cabo del tiempo ha trabajado con Dylan...
–¡Quién me lo iba a decir a mí! Tuve que vencer mi fascinación histórica para poder hacerlo de tú a tú.
–Para hacer esas cosas con la cubertería mejor la grabación en casa ¿no?
–Yo he trabajado mucho en el estudio 2 de los British Grove. He hecho muchas grabaciones en su parte trasera que me recordaba mucho a mi habitación de casa, pero era frustrante la cantidad de ruidos que había de construcciones y aviones. Así que preferí hacerme uno pequeñito en un dormitorio de casa; otros se gastan su dinero en un barco, yo en mi estudio. Llevaba mucho tiempo grabando en estudios grandes con todo el grupo a la vez y eso; me gustaba hacerlo así, pero ahora prefería cambiar y hacer un disco con Guy Fletcher, que es un tipo muy divertido, doblándome a mi mismo y él manejando los botones.
–¿Cómo consigue sonar tan clásico y actual a la vez?
–A mí me gusta utilizar lo mejor de las viejas tecnologías y lo mejor de las nuevas. Cuando algo funciona y es bueno, realmente funciona. Unir ambos mundos es una forma muy interesante de trabajar, así puedes utilizar tecnología contemporánea con un micrófono alemán de finales de los años treinta. La combinación es fantástica. Lo mismo ocurre con los instrumentos, es como afinar una guitarra de 1920 con un afinador digital: se trata de sumar energías positivas.
–Dicen de usted que su secreto es tocar la eléctrica como si fuera una acústica…
–De niño tenía una pequeña guitarra eléctrica de 50 libras que me compró mi padre haciendo un gran esfuerzo, pero no tenía amplificador porque ya hubiese sido un exceso para la situación económica de mi casa, así que les pedía las acústicas a mis amigos y aprendí a tocar con ellas. Luego alterné dedos y púa en las eléctricas como un ejercicio personal, creo que fue una suerte tener este aprendizaje dual para lograr mi propia personalidad y tocar de esta forma... tan rara, aunque, la verdad, no sabría hacerlo de otra manera.  
–¿Escucha a otros guitarristas para aprender a hacer cosas nuevas?
–Uno de mis chicos toca la guitarra, tiene 19 años y es brillantísimo, hace unas cosas increíbles en el mástil y le he pedido que me enseñe a hacerlo. Hay muchísimos guitarristas infinitamente mejores que yo, y en España tienen a los de flamenco, que esos sí que son virtuosos.
–Al hacer una canción, ¿de dónde parte, de la realidad o de la fantasía?
–Es excitante no saber dónde va a surgir una canción. A veces tomo la vida y los personajes reales y otras veces sólo cojo fragmentos de algo que he oído o visto. No me gusta ser muy explícito sobre el contenido de una canción porque muchas veces no estás completamente seguro de lo que quieres decir, o sencillamente me da pudor desvelar sus secretos. Hacer una canción es un misterio que no tengo resuelto. En otras ocasiones los protagonistas te piden a gritos que hables de ellos, es como un impulso que no sabes de dónde viene, algo que compartimos los músicos con pintores y escritores.
–Hay una cierta continuidad con la, llamémosle ‘amabilidad adulta' de ‘Shangri-la' ¿Está de acuerdo? ¿No le interesan los aspectos más físicos del rock?
–Probablemente me estoy alejando más cada día del rock. Con este disco me siento más desnudo y elemental, no hay más que un trío de ritmo: guitarra bajo y batería, no necesito más de momento. Y respeto a lo de ‘adulto', hay casos tan fascinantes como el de Amy Winehouse, que es un cuerpo joven con un estilo antiquísimo y una calidad soberbia. En la música no hay edad.
–Pero aunque no se lo pida el cuerpo siempre tiene que tocar material de Dire Straits. ¿Cómo lo lleva?
–La gente siempre quiere que toques piezas de tu cancionero. Tienes que agradarte a ti mismo para estar cómodo, pero al mismo tiempo no perder de vista que es una fiesta y tenemos que pasarlo bien todos. Esas canciones son importantes para la gente, ya que sin saber cómo, has creados mitos para muchas personas y es una responsabilidad; es un privilegio poder alegrar la vida a los que te rodean y estoy muy agradecido por poder tener este oficio.
–¿Volverán?
–De vez en cuando nos hemos reunido para algún acto benéfico, pero de momento estoy muy bien así. Gracias.